domingo, 4 de diciembre de 2016

El Macho Dólar Ataca De Nuevo


Si una economía tiene una moneda demasiado fuerte, hay siempre ganadores y perdedores, tanto dentro como fuera de ese país. Una moneda demasiado fuerte ayuda a los importadores y perjudica a los exportadores, y dentro del país ayuda a la demanda de bienes y servicios, eleva el precio de los bienes raíces y mejora el balance de los bancos, pero desanima el crecimiento del sector manufacturero y a veces el empleo general. Una moneda demasiado fuerte es siempre algo que hay que cuidar, pero cuando esa moneda es el dólar estadounidense las implicaciones alcanzan el último rincón del mundo, y debemos de estar preparados.
Que el dólar sea típicamente una moneda fuerte es algo casi genético: el hecho de que sea la reserva de valor de todos los consumidores e inversionistas le da una valuación que supera su precio normal. Todos estamos dispuestos a perder incluso, teniendo un rendimiento de cero, con tal de contar con la seguridad y el poder de transacción del dólar. Los economistas usan el antiguo concepto de “señoreaje” para  describir esta característica del dólar y otras monedas usadas como reserva de valor.
Pero tras la elección de Trump, y como aquí lo hemos comentado, el dólar se ha apreciado más allá incluso de sus niveles tradicionales, y parece enfilarse incluso a alturas mayores, a un estatuto vitamínico a tono con la retórica macha y desafiante de Donald Trump y la oleada conservadora que se apoderó del gobierno de los Estados Unidos en la reciente elección.
Pero el mercado de divisas es como una cobija. Si se jala de un lado para cubrirnos la cara se nos descobijan los pies. Si el dólar sube es porque las otras divisas bajan en valor. Si el dólar sube es porque más gente quiere comprarlo, y al mismo tiempo, quiere deshacerse de las otras divisas.
Del otro lado del dólar fuerte entonces hay muchas divisas que pierden valor, y es eso lo que le está pasando por ejemplo a nuestro peso. En cierto margen es bueno tener una moneda más barata, exportamos más y recibimos más inversión. Pero una moneda demasiado barata significa que los inversionistas no la quieren, que no le confían, y eso puede causar muchos problemas a esos países: les puede inducir inflación de costos, tienen que subir las tasas de interés domésticas para tratar de anclar sus monedas, el poder adquisitivo de sus habitantes se diezma, y si sus compañías, familias y gobiernos tiene pasivos en dólares, entonces la solvencia de ese país y su sector privado puede complicarse.
Si el dólar se fortalece, como parece que puede ser el caso, bastante más allá de lo que la economía de los Estados Unidos justificaría, veríamos seguramente a las empresas estadounidenses comprando compañías por el mundo usando su divisa sobre valorizada, lo cual puede crear resentimientos en un orden en dónde el gobierno de Trump aplica una diplomacia panzer contra todos.
Hay otro efecto muy probable. Y peligroso en el mediano plazo. Un dólar fuerte, como lo habíamos platicado en una columna anterior, aumenta el precio de los bienes raíces: casas, terrenos residenciales y comerciales, y edificios. Como la mayor parte de la riqueza de las familias lo representan los inmuebles, una revalorización de ese sector tendrá dos efectos: las familias se sentirán más ricas y gastarán más allá de sus medios; y los bancos prestarán más dinero, pues en sus activos obra un porcentaje importante de bienes raíces por un lado, y por el otro el colateral de sus clientes sube de valor.
Un contexto como este es el fermento ideal para un mercado alcista en las bolsas. El panorama es casi un reflejo al período 2001-2008 cuando un espiral alcista de precios de bienes raíces retroalimentó una burbuja accionaria que acabó reventando y hundiendo a la economía global en una profunda recesión.
Un dólar demasiado fuerte puede crear la ilusión de una falsa prosperidad, y ese es el ingrediente básico para un mercado desquiciado, que desalinee el equilibrio entre sectores y provoque burbujas que acaben tronando por todas partes.

domingo, 20 de noviembre de 2016

El Señoreaje de Trump Y El Macho Dólar

¿Qué le ocurriría a la moneda de un país gobernado por un populista que quiere cerrar su economía del mercado global, que va a recortar impuestos y cerrar la brecha fiscal emitiendo deuda a ritmos históricos? Seguramente esa moneda estaría hecha pedazos. Pero como aquí lo mencionábamos la semana pasada, la moneda de ese país, el dólar de los Estados Unidos, lejos de caerse va a fortalecerse en los próximos años. Digamos que, a tono con el estilo personal de gobernar de su próximo presidente, veremos un Macho Dólar.
La semana pasada pronosticamos que el mercado de bonos tendría severas pérdidas, y que el dólar se fortalecería contra las principales monedas del mundo en anticipación a lo que parecería ser la agenda económica de Donald Trump. Ambas sentencias se confirmaron y quizá sea el inicio de una tendencia de mediano plazo. Creo que en los próximos años veremos tasas de rendimiento más altas en los mercados, lo cual implica pérdidas graves en los mercados de bonos, y un dólar muy fuerte: un Macho Dólar.

El dólar es la única moneda que puede salirse con la suya. Estados Unidos es el único país que puede tener un presidente populista, cerrado al mundo, induciendo grandes déficit fiscales y comerciales y no tener una moneda que se haga pedazos. Al contrario. Los Estados Unidos son el único país que pueden permitirse tal comportamiento y tener el dólar más fuerte de los últimos veinticinco años. En economía dicho fenómeno se conoce como “señoreaje”.
El resto del mundo estamos dispuestos a recibir cero rendimiento a cambio de contar con dólares, la moneda que sirve como reserva de valor en el planeta. El poder económico estadounidense y su dinamismo hacen del dólar el patrón monetario aceptado, y por ello el resto del mundo dejamos pasar comportamientos que a cualquier otro país se le castigaría de manera severa. No es necesario que una economía esté oficialmente dolarizada para que el señoreaje se de: si los bancos centrales del mundo tienen sus reservas en dólares, si los ahorros de mexicanos, brasileños, árabes y rusos buscan siempre el refugio del dólar, estamos dando permiso a los Estados Unidos para comportarse como quieran.
La reacción de los mercados en las primeras dos semanas tras la elección estadounidense ha sido clara: los inversionistas están esperando una reducción de impuestos y una expansión del gasto por parte del Presidente Donald Trump. Si esto ocurre veremos dos consecuencias: una mayor tasa de rendimiento y por consiguiente un dólar más fuerte.
Un dólar más fuerte tendrá beneficiarios y víctimas. Entre las víctimas estarán los exportadores (máxime si se les reducen sus oportunidades de venirse a México), la industria manufacturera y en general el mercado de los llamados bienes comerciables. Pero habrá grandes beneficiarios de un dólar fuerte: el consumo doméstico en general, los minoristas, el turismo, los importadores, pero especialmente dos sectores que han sido conspicuos en las últimas dos recesiones: el sector de bienes raíces y su financiador, los bancos.
El rally tan sólido que hemos visto en las últimas dos semanas en las acciones de bancos parecen confirmar el diagnóstico anterior. Un dólar fuerte y tasas altas son una mezcla espléndida para los bancos estadounidenses al revaluar los activos inmobiliarios y así mejorar sus balances y capital, mientras que las mayores tasas implicarán mayores ingresos operativos en los próximos años de confirmarse la sintomatología económica de la administración Trump que aquí hemos delineado.
Pero tasas altas y un Macho Dólar, muy ad hoc con la personalidad estamínea del próximo presidente, si bien puede tener atractivos de corto plazo, podrían estar sembrando las semillas de una nueva y severa recesión en el mediano plazo.
Un dólar fuerte en un contexto de estancamiento global podría ser un alivio para otras economías del mundo cuyos artículos serían demandados por los estadounidenses. Pero eso significa que justamente la geografía política que le dio la victoria a Trump, el rust belt, perdería competitividad y agravaría la miseria económica de esas zonas. Y segundo, el volver a apostar prioritariamente por los sectores inmobiliario y bancario como motor de la economía acaba siempre mal, o al menos así ha sido la experiencia de las últimas décadas.

Si la mezcla de políticas aquí anticipadas: mayor deuda, mayores tasas y dólar fuerte, se concretan, veremos una retomada de la expansión económica sostenida sin embargo por un artificio: (a menos que haya una erupción de nuevas tecnologías) la promesa de que el gasto de hoy será financiado por los contribuyentes de mañana e inflando de manera artificial el valor del dólar para que las ínfulas del macho que ocupará la Casa Blanca sean satisfechas.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Poemas Para Beber En El Starbucks: Ezra Pound El Frustrado

Hace algunos años mi tía Magui argüía con su amiga Tere lo absurdo de un sueño que ésta había tenido la noche anterior. Tere riendo le contestaba que era su sueño, y que ella podía soñar lo que quisiera. Por supuesto que Tere tiene razón, para eso sirven los sueños. El sueño hace realidad por algunas horas lo que no nos es posible en el mundo. En sueños Bernie Sanders gana la presidencia; en sueños vivimos en el paraíso; en sueños yo he estado con Sofía Loren joven; con Briggite Bardot; con Meche Carreño. 

Por eso este brevísimo poema de Ezra Pound me ha gustado y divertido siempre. Pound hace un poema sobre lo difícil que es lograr el ideal de belleza física y moral, la noción arcana de la hermosura. Tal es el significado de la palabra Kalón.


La búsqueda de Kalón: la belleza, el orden, el principio apolíneo del mundo, fue una constante no sólo literaria, sino mística y vital para el orate de Pound. Tan caro le costó que lo acercó al fascismo y lo dejó en la locura y el alineamiento del mundo. Tanto deseó alcanzar ese ideal, que incluso en sueños lo buscaba.

Pero este es una muestra maravillosa de que el poema casi nunca dice lo que el poeta quiere decir, sino lo que el lector puede. La primera vez que leí hace muchísimo años éste epigrama pensé inmediatamente que era dedicado a una mujer. Pobre Pound, pensé, anda detrás de la morra y ésta ni en sueños lo pela. Imagínense la frustración: ni en sueños siquiera ella lo voltea a ver, y le envía sólo a sus doncellas. 

La frustración quizá sea la misma: ya sea que el poeta ni siquiera en sus sueños  alcance el ideal de belleza como escribió Pound; o que una morra no lo pele ni en sueños como durante muchos años creí yo que este poema significaba. El sentimiento de frustración ha de ser parecido, aunque nunca abandonaré esa primera lectura: que la morra que te encanta no te pele ni en sueños ha de ser mucho más intenso que no acceder al ideal platónico de belleza. 

Digo


To Kalón

Even in my dreams you have denied yourself to me
and sent me only your handmaids

A Kalón

Hasta en mis sueños te me has negado
y me envías tan sólo a tus sirvientas